viernes, 8 de abril de 2016

Sobre los celos


El celo es un sentimiento penumbroso que surge tras ponerse en duda la idea de potestad y exclusividad que se tiene sobre una persona.

Dicen que el miedo no es tonto, y esto puede ser cierto porque ocasionalmente es útil para prevenir algunos males, contrariamente, los celos siempre son tontos y nunca reportan ninguna ayuda, principalmente, porque a diferencia del miedo los celos no pueden profetizar ningún mal venidero, solo pueden ayudarnos a comprobar una sospecha, y comprobar sospechas es llegar tarde. Veamos:

El amor nos somete a un estado muy particular en el que afloran la valentía, la alegría, el bienestar y el arrojo. Los enamorados suelen sentir que la persona que aman es muy especial y que es una verdadera fortuna que ese ser se haya fijado en ellos. Mientras todos estos nobles sentimientos danzan en el interior del enamorado, se suman al bailongo sentimental el temor, la razón y la especulación, es entonces cuando el enamorado deja de disfrutar y comienza a cuestionarse si realmente lo aman como él ama, si esa persona le pertenece, si acaso otro podrá descubrir lo maravillosa que es su pareja, en definitiva la inseguridad se hace presente y en lugar de trabajar sobre su inseguridad, el celoso, comienza a exigir insaciablemente a su pareja, primero un cambio de vestuario, luego que no salga con amigos y si quien está a su lado se dispone a conceder sus peticiones llegará a extremos insólitos.

Yo tenía una novia (aunque usted no lo crea) que tuvo que enfrentarse a la paradoja de los celos tras leer el mito de Procris y Céfalo, que relata más o menos lo siguiente:

Procris y Céfalo estaban felizmente casados y se amaban mutuamente. Una mañana el divino Céfalo fue a los bosques de Himeto a cazar y allí fue visto por la hermosa Eos (la aurora) que se enamoró inmediatamente e intentó seducirlo, sin embargo él no accedió a esta propuesta ya que su amor correspondía a su esposa Procris, fue entonces cuando la diosa Eos le dijo: Vuelve a los brazos de Procris, pero llegará el día que deplorarás haberla conocido. Con estas palabras instauró el miedo en Céfalo que comenzó a preguntarse si su mujer habría cumplido tan fielmente con su juramento de fidelidad. La inseguridad se apropió de él y decidió poner a prueba a su mujer, cambiando su aspecto e intentando seducirla haciéndose pasar por un extraño. Al llegar a Atenas intentó cautivar de muchas maneras a Procris, y esta se resistió a todos las propuestas, sin embargo, astuto y tenaz le ofreció regalos cada vez más valiosos, la persuadió de la muerte de su marido e insistió con tal vigor, que la determinación de Procris comenzó a debilitarse. Fue entonces cuando Céfalo confesó quien era y envuelto en ira acusó a su mujer alegando que estaría dispuesta a engañarlo. La historia sigue, pero hasta aquí es necesaria a los fines prácticos de este planteo. La enseñanza de este mito, al menos de esta primera parte, es que la inseguridad siempre es enemiga del buen juicio. También podemos pensar en una reacción bastante común en los celosos que es la de exigir a su pareja, que las ame y trate como alguna vez, sin comprender que los seres humanos estamos mutando todo el tiempo y es imposible tal cosa porque hoy no somos el mismo de ayer, ni somos  hoy el que seremos mañana, es más, demasiado milagroso es el hecho de que la misma persona en sus diferentes mutaciones se haya enamorado y re enamorado de estos nuevos yo que nacen cada día (si es que esto es posible). En definitiva, Céfalo, sintió celos de sí mismo en vano. Tal vez debería haber festejado que su esposa amó al Céfalo que fue y casi comienza a amar al que es hoy.   
     
Hay una tensión constante entre inseguridad y amor, porque quien ama desea ser amado y sabe que su pareja puede enamorarse de otro (y no precisamente de otro él, sino de otro OTRO) entonces pone en marcha su plan de restricciones: No salgas con amigos, no planees actividades sin mí, no me sueltes la mano al caminar, no mires a la gente de la calle, no salgas a la calle, no salgas de esta habitación, no mires ese programa de televisión, no pienses en otros, sométete una lobotomía, pero que no te opere ese doctor que es demasiado mirón, mejor te hago la cirugía yo mismo. 
En definitiva la inseguridad es insaciable y la mejor manera de vincularse sanamente con celosos es simplemente no ceder a sus peticiones. En el caso de que le toque a usted ser el celoso, sepa que nada de lo que exija le va a traer soluciones, debemos en este punto recordar aquel pasaje de Las mil y una noches, en el que un poderoso genio tiene encerrada en una caja de cristal a una hermosísima mujer y ésta aun así se las ingenió para traicionarlo con cien hombres diferentes. Usted podría pensar que entonces los celos del genio eran consecuentes, yo diría que al genio le hubiese sido de mayor utilidad la astucia que los celos, y este tal vez sea el mensaje definitivo para el celoso: Si está enamorado y se quiere proteger porque sabe que sufriría mucho padeciendo un desengaño, es mejor que aprenda a diferenciar el amor de otros sentimientos, que se instruya sobre las relaciones humanas y el funcionamiento de la psiquis, porque créame, en el mundo hay muchos más cornudos celosos, que cornudos confiados.