viernes, 14 de octubre de 2016

Sobre la modestia


La modestia, aunque siempre bien vista, solo es buena cuando es justa.  

Más odiosa que la vanidad es la falsa modestia. Existen muchos matices para intentar comprender a la modestia, en primer lugar debemos resolver cuándo alguien es falsamente modesto y cuándo no.
Una persona es falsamente modesta cuando declara menos de lo que cree tener. En una persona justa hay congruencia entre lo poseído y lo declarado y a esto lo podemos llamar modestia. 

En el caso de que la modestia sea una virtud, y considerando que una virtud no puede ser además injusta, la modestia debería ser ante todo justa, por lo que un millonario modesto diría: Soy millonario. 
Según este planteo el resultado debería ser:

Modestia es el resultado de una autovaloración Justa.

En el caso de que la modestia fuese injusta ¿La podríamos llamar virtud?

¿Diría que es vanidosa la siguiente frase? 

Voy a ganar.

Ahora bien, si le aclaro que fue dicha por el boxeador Rocky Marciano quien tuvo 49 peleas de las cuales ganó 49. ¿Qué opina?
Yo diría que si hubiese perdido, sería vanidad. Como siempre ganó, solo se trató de una modesta anunciación, al menos si consideramos a la modestia como virtud y a la virtud como una capacidad con ansia de justicia.
El problema que surge a partir de esta concepción es que hay grandes dificultades para medir la erudición, la inteligencia y todo lo referente a lo mental y no material. 

Los menos perspicaces, corremos el riesgo de creer ser inteligentes, y declararlo abiertamente considerando que estamos haciendo justicia, cuando en realidad solo estamos enmarcando nuestra estupidez. (Pero este es otro asunto) 

En el caso de que la modestia consista en menospreciar públicamente algo poseído debemos decir que si un ignorante dice ser ignorante, no es modesto, es sencillamente justo. Por otro lado si una persona instruida dice ser ignorante, no está siendo justa, y esto, a lo que podríamos llamar modestia, es una devaluación que lejos de ser festejada por terceros debería ser, sino castigada, al menos mancillada.  Sin embargo debemos considerar que cuando Borges decía:

Dicen que soy un gran escritor. Agradezco esa curiosa opinión, pero no la comparto: El día de mañana; algunos lúcidos la refutarán fácilmente y me tildarán de impostor o chapucero o de ambas a la vez.
Es probable que la lúcida mente del maestro haya detectado sutilezas, invenciones y grandezas en obras de otros que no pudo plasmar jamás en las suyas. De manera tal que no sería modesto al modo de auto menospreciarse, sino modesto por aspirar a una autovaloración justa.


Alguna vez me animé a pensar que de los numerosos lectores que llegan a la obra de los grandes maestros, tal vez uno de ellos, alguna vez, logre comprender completamente lo que el autor quiso plasmar y lo que sintió. En tal caso, me gusta pensar que Borges fue el escritor y ese lector fue Ciorán.
Por supuesto para quienes toda sutileza pasa inadvertida, y toda erudición profunda es ajena, no nos es posible distinguir entre un sutil justamente modesto y un sutil vanidosamente modesto. De manera tal, que como todo lo escrito en este blog, este texto también carece de valor y solo es anecdótico.