sábado, 28 de noviembre de 2015

Sobre la cortesía


La cortesía ayuda a sostener el noviazgo con la persona que amamos a pesar de que a veces nos pida opinión sobre una horrible remera que lleva puesta. Este es uno de los escasos beneficios de la cortesía que se nos presenta bajo la forma de mentira piadosa o estafa menor con intenciones, sino buenas, al menos poco incisivas. Por supuesto siempre debemos tener presente que no somos los primeros en hacer uso de la cortesía y es válido considerar que nuestra pareja nos pregunta qué opinamos de su remera por cortesía, porque en realidad poco le importa nuestra opinión al respecto. Esta situación, en la que dos personas se vinculan solo por cortesía es mucho más frecuente de lo que creemos y, si más a menudo nos animásemos a considerarla, créanme que podríamos librarnos de aburridísimas reuniones con compañeros del trabajo y otras situaciones análogas en las que somos invitados por cortesía y nosotros asistimos por la misma razón. De hecho muy a menudo suelo imaginar cómo podría resolverse la misma situación haciendo uso de la cortesía y luego sin ella:

Situación haciendo uso de la cortesía: 

 -Hola, este Sábado festejo mi cumpleaños y por supuesto estás invitado.
-Sí, lo recuerdo, voy a ir, aunque solo un rato, porque el Domingo corro en el maratón.

RESULTADO: Encuentro poco deseado por ambos individuos, incómodo saludo, te debo el regalo para la próxima, risas falsas, falsas aprobaciones, fin.

Situación  sin uso de la cortesía: 

-Hola, este Sábado festejo mi cumpleaños y preferiría que no vengas porque no te odio, pero siquiera me pareces una persona alegre.
-Qué bueno que lo planteas así, porque no me caes mal, pero tampoco iría al cumpleaños del novio de mi prima con quien no tengo un solo tema de conversación, es más, te estaba por mentir diciendo que correría un maratón al día siguiente para irme temprano.  
-Nadie creería lo del maratón evaluando tu figura.
-Lo sé, pero es lo primero que se me ocurrió. 

RESULTADO: Desinteresado saludo, sensación de alivio compartida, fin.
     

Se suele considerar que la cortesía es el fertilizante más apropiado para hacer germinar una relación, sin embargo, resulta sumamente enojoso escuchar a alguien que aprueba todas nuestras lucubraciones inclusive cuando estas se contradicen. En este sentido alguna vez escuché que los enemigos son más sinceros que los amigos, esto es un error inmenso, porque aun si decidimos llamar amigos a los lisonjeros que nos rodean; debemos admitir que los enemigos también mienten y exageran odio en sus declaraciones, principalmente por que el odio no admitiría enojos ordinarios y resulta inaceptable un enemigo mesurado que declara cierta disidencia respecto de alguna de nuestras ideas. Un enemigo se vuelve efectivo cuando declara odio absoluto hacia todo nuestro ser y esto es muy difícil de concebir. 


En lo que respecta a los regalos parece haber categorías, y entre los peores existe uno al que suelen llamar presente de cortesía, comúnmente se trata de una baratija insignificante, que lejos de generar alegría, es capaz de producir doble malestar: desilusión en quien lo recibe e incomodidad en quien lo da. En este caso aconsejo a la humanidad que se olvide de los regalos de cortesía por que como ya acabo de demostrar son particularmente molestos. Ni hablar de los aperitivos de cortesía que sirven en algunos restaurantes: Todos sabemos que esas copas se completan con el champagne de las botellas más baratas del local o con los restos de comensales de la semana pasada.


Usted ya podría estar preguntándose quien le cederá el asiento en el colectivo si nos deshacemos de la cortesía, sin embargo este blog es amigo de quienes ceden el asiento por que están convencidos de que están haciendo un bien y no por la cortesía misma y los reconocimientos que esta conlleva.  





viernes, 20 de noviembre de 2015

Sobre la asistencia de las musas


El monólogo del día se propone dilucidar sobre la inspiración.

A veces creo que estoy inspirado y que estoy componiendo algo asombroso y al otro día cuando reviso lo hecho, me doy cuenta de que es una porquería y de que no fui asistido por ninguna musa o simplemente la musa me engañó. Así fue como deduje que, las musas pueden mentir, o no existen o simplemente jamás me visitaron, todas me resultan probables dada mi incapacidad para crear. Sin embargo, a pesar de ésta, mi desdicha, y siguiendo las enseñanzas de nuestro amigo René Descartes, voy a pensar y luego existir, de manera tal que no voy a convertir esta tragedia personal en una regla general y voy a intentar posicionarme por encima de mi propia experiencia para analizar la mecánica de la inspiración y la visita de musas.   

Desde los Veinte años escribo con cierta regularidad, y casi no me privé de ningún género literario: cuentos y relatos breves, poemas y letras de canciones, ensayos y frases. Atendiendo a lo épico, lo lírico y  lo dramático me pasee por todas las formas literarias conocidas y fracasé con rigurosa efectividad en todos mis intentos. Fue entonces cuando me percaté de que en mi casa estaba el timbre roto desde hacía por lo menos diez años y muy probablemente las musas tocarían dos o tres veces y al ver que nadie atendía se irían a la casa de Borges en la que siempre anduvo muy bien el timbre. Además es muy incómodo estar escribiendo y que llegue visita, yo particularmente opto por no atender, el problema es que podrían haber sido las musas quienes venían y yo para simular que no estaba en casa ni me moví de la silla, para colmo de males, Esas llegan cuando uno está trabajando en la obra de arte, casi nunca aparecen en el bar mientras uno está tomando una bebida espirituosa. Lo que si suele suceder es que cuando uno se tomó una bebida espirituosa puede creer que está siendo asistido por la musa y si comete el error de pedir lápiz y papel al barman y escribe lo que la musa le dicta notará al otro día que quien dictaba no era la musa, sino el Whiskey, que siempre dicta porquerías incomprensibles y carentes de todo valor artístico. En este sentido supe de algunos escritores, relativamente buenos, que decían tomarse unos tragos antes de escribir. No son pocos los críticos que defienden la idea de que por tomar eran buenos, yo niego rotundamente esto, no me quiero imaginar lo incómodo que debe ser para la musa dictarle cosas a un señor que está beodo, diciendo una y otra vez la misma frase mientras el escritor en vez de escribir la invita a salir y le promete vida prospera patrocinada con regalías jamás cobradas.  Tampoco quisiera estar en los zapatos de una musa que dictó versos propios de su divina esencia a un  borrachín que terminó presentando un libro con lo poco que pudo percibir del mensaje divino que le fue transmitido. En este caso bien podría la musa demandar por difamación, a quien publica libros horribles en su nombre.

Ya en el siglo XIX los psicólogos depositaron la inspiración en la psiquis y dejaron desempleadas a las musas, de hecho, algunas corrientes casi no le dieron cabida a nada ajeno a la psiquis, el mundo exterior perdió poder en el terreno de la inspiración, estaba madurando un hombre que hacía ya varios siglos iba en busca de la autosuficiencia, con la intención de erradicar toda metafísica. Luego la metafísica se convirtió en una casa abandonada que fue usurpada por ruines y oportunistas. Poco a poco la inspiración fue mutando y las musas fueron sustituidas por seres mortales al punto que muchos artistas dicen encontrar “su musa inspiradora” en sus desvencijadas mujeres.  
   
En términos generales la mayoría de los seres humanos suelen tener ocurrencias que les parecen dignas de ser escritas, luego en su pusilánime cotidianidad, dejan sus ideas en manos del olvido. En este sentido todos creemos que más de una vez estuvimos inspirados, y si consideramos a la inspiración como ese estado de locura en la que el poeta alcanzaba un frenesí divino en el que se conectaba directamente con los dioses, usted querido lector probablemente se planteará: ¡Qué lástima que se pierdan tantas ideas y que tantas inspiraciones hayan ido a parar al olvido por no ser escritas! Sin embargo yo le voy a ahorrar lamentos y le puedo asegurar que el problema más grande es el contrario: El mundo está repleto de textos producto de falsas inspiraciones y de supuestos encuentros con las hijas de Zeus, créame, el mundo está propasado de textos que no merecían ser escritos y bien les hubiese venido el olvido, sin embargo algunos charlatanes insisten en hacer creer a sus lectores que algunos dioses les dictan sublimes versos sin darse cuenta de que quien les dicta es en realidad el viejo de la esquina y que ellos no son más que loros parafraseando monólogos ajenos.  


viernes, 13 de noviembre de 2015

Sobre el dinero


El monólogo del día se propone analizar un tema que fue tratado incontables veces  y este blog que es especialista en decir cosas ya dichas y que tiene menos novedades que las matemáticas, no se podía privar de ahondar allí donde no hay profundidad alguna. El tema del día es el dinero.

A lo largo de mi vida he escuchado opiniones diversas, ocasionalmente, opuestas, que van desde: el dinero es una porquería y solo trae problemas, hasta: el dinero es la única buena noticia de este mundo. Yo, con la escasa capacidad intelectual que me caracteriza voy a intentar, con la ineficacia que me define, posicionar al dinero en el pedestal que le corresponda.

En primer lugar es necesario que acordemos que la felicidad es el objeto primero, y evaluaremos el dinero en función de la felicidad o no que proporcione. 

Cuando yo era niño, solíamos preguntarnos con mis amigos qué haríamos si encontrásemos la lámpara del genio al modo de Las mil y una noches y nos concediesen tres deseos. La mayoría pedía posesiones muebles e inmuebles de gran valor, otros, más espirituales, pedían paz, otros con intereses económicos, pero más astutos que los primeros, pedían infinita cantidad de dinero y los que yo considero los mejores solían pedir felicidad, porque en última instancia, los objetos de gran valor, la paz, el dinero infinito, los pedían para otorgarse bien estar, que en su estado máximo de desarrollo es lo que conocemos como felicidad. Todos los que encontraban la lámpara pedían cosas para su propia satisfacción, salvo los más generosos que pedían en el segundo o tercer deseo algún bien para otro, por supuesto no debemos olvidar a quienes con una actitud poco romántica y especuladora pedían en el primer deseo que les concedan infinitos deseos y a partir de este pedido el segundo y el tercero tienen la misma importancia que el setecientos veintitrés o el mil cuarenta. En definitiva, parece que en la categoría “Encuentro de lámparas mágicas” la mayoría de los deseos son de carácter económico. 

 El término dinero, viene del latín denarius que era la moneda utilizada en la antigua Roma y equivalía a diez asas, sin embargo, el dinero (con otro nombre) ya existía antes de la fundación de roma, de hecho se lo nombra en el Código de Hammurabi.  

Desde tiempos remotos muchos fueron los que se preguntaron acerca del dinero, de hecho, Aristóteles, en su Ética nicomaquea dividió la vida humana en tres clases a saber:

-LO QUE UNO ES.
-LO QUE UNO TIENE.
-LO QUE UNO REPRESENTA.

Dejando en el segundo aspecto a todas las posesiones materiales; en el primero la personalidad, comprendiendo a esta como: salud, fuerza, belleza, temperamento, carácter moral la inteligencia y su desarrollo, y por último la opinión que tengan de nosotros dividida en honor, categoría y gloria. Comprendiendo que generan más dicha las cosas que provienen del interior (Lo que uno es) que aquellas que tenemos o representamos, que además se pierden con mayor facilidad, precisamente por no sernos del todo propias.

También Epicuro dividió en tres partes, pero a las necesidades humanas a saber:

-NATURALES Y NECESARIAS.
-NATURALES, NO NECESARIAS.
-NI NATURALES, NI NECESARIAS.

Entendiendo que el primer ítem es para las necesidades alimenticias y de vestimentas básicas, el segundo para la satisfacción sexual y el tercero y último para el lujo y la abundancia.
   
Como ante última cita voy a referirme a Schopenhauer, que de hecho es quien citó a los autores anteriores en el Arte del buen vivir, y decía al respecto del dinero más o menos lo siguiente:

SE ACUSA CON FRECUENCIA A LOS HOMBRES DE FIJARSE MÁS QUE NADA EN EL DINERO Y DE AMARLO MÁS QUE A TODO EL MUNDO. SIN EMBARGO ES MUY NATURAL, CASI INEVITABLE, AMAR LO QUE, SEMEJANTE A UN PROTEO INFATIGABLE, ESTÁ DISPUESTO EN SOLO UN INSTANTE A TOMAR LA FORMA DEL OBJETO ACTUAL DE NUESTROS DESEOS TAN MÓVILES O DE NUESTRAS NECESIDADES TAN DIVERSAS.

Por supuesto, esto no es todo y esta sentencia no es definitiva. Schopenhauer se percató también de que lo ya obtenido deja de interesarnos y el deseo se aloja en lo que no tenemos, de manera tal que el dinero es útil como herramienta para obtener lo deseado y deja de serlo cuando se convierte en el deseo mismo. Cuando dejamos de usar el dinero como herramienta, para posicionar a este entre nuestros deseos, no existirá nunca una suma que nos deje absolutamente satisfechos. En pocas palabras, desear el dinero es la mejor manera de arruinar lo único que tiene de positivo el dinero.   

En la última cita de este post voy a referirme a mi tío gordo, Osvaldo Parizia, que solía contar un chiste que funcionaba a partir de invertir las palabras de la famosa frase:

Prefiero ser pobre y sano, que rico y enfermo, 

presentándola del siguiente modo: 

PREFIERO SER RICO Y SANO, QUE POBRE Y ENFERMO. 

El punto a analizar es que ciertamente es preferible ser sano y pobre, porque la pobreza, permite ciertos disfrutes, mientras se hayan alcanzado las premisas mínimas que plantea Epicuro (naturales y necesarias), se puede disfrutar del amor, de la amistad, del pensamiento, de la conversación, de la familia y de muchas otras análogas, por el contrario se hace muy difícil el goce de cualquier actividad, por más ostentosa, lujosa, pomposa y deseada que sea, si nos entra un bichito en el ojo, y fíjese, querido lector, que estoy poniendo como ejemplo una pérdida de salud insignificante y pasajera, ni hablar de la imposibilidad de goce que supone la pérdida de salud que es significativa e irreversible. Aun así es necesario recordar que no todo rico tiene un bicho en el ojo, y por esta razón deja de ser un chiste esto de RICO Y SANO, porque una cosa no quita necesariamente a la otra, del mismo modo que debemos admitir que la riqueza monetaria no es sinónimo de felicidad, tampoco podemos admitir lo contrario y si, debemos reconocer la potencia del dinero. 

Quisiera ahora, más o menos con los mismos fundamentos, desmentir aquella frase que dice: 

EL DINERO NO COMPRA LA FELICIDAD, PERO PREFIERO LLORAR EN UN FERRARI.

A diferencia del chiste primero, éste es menos veraz, porque el Ferrari supone algo ostentoso deseado, y a la vez la promesa de una gran dicha por haber alcanzado tal deseo, entonces, también representa la pérdida de una causa más de placer, quiero decir, si se es infeliz sin ser poseedor de un Ferrari, al menos tenemos la esperanza de que poseyendo uno podríamos alcanzar la felicidad, por el contrario llorar sobre un Ferrari supone un infeliz que debe depositar su deseo en cualquier otra cosa que no sea poseer un Ferrari. 

En definitiva y para terminar, este blog se declara defensor del amor, el pensamiento, la amistad y en general todas aquellas cosas que se cultivan de nuestra piel hacia adentro, sin embargo no cae en la tentación de repetir adocenados discursos, y si cae en la tentación de repetir los discursos de Epicuro y Schopenhauer con la torpeza e inocultable dicción de cotorra, tan característica de nuestros textos.    


viernes, 6 de noviembre de 2015

Sobre las caídas

Caerse es algo espantoso y aunque haya encontrado pocos ensayos al respecto fuera de los traumatológicos, voy a analizar otros aspectos a saber tan importantes como los médicos.

Es necesario hacer la división entre los que caen en soledad y quienes dejan testigos del desliz. A la vez, quienes caen en compañía se comportan de diferentes maneras según se trate de amigos o desconocidos. Caerse de frente a nuestras amistades (y cuando digo DE FRENTE me refiero a con ellos como testigos y no al acto de colisionar la parte delantera del cráneo contra el suelo) parece ser menos bochornoso considerando que en caso de tratarse de un golpe que no deje lesiones, puede generar una situación humorística, incómoda, pero humorística al fin. Por el contrario caerse frente a desconocidos se inscribe entre las máximas vergüenzas que pueda padecer un ser humano. Es extraño, pero funciona así, probablemente nos resulte tan vergonzoso porque consideramos que todo el mundo nos está prestando atención constantemente y no solo eso, además imaginamos que somos tan geniales que resulta insoportable dejar expuesta una torpeza tan evidente y más tratándose de una operación tan simple y ensayada como la de caminar.   

Caerse, golpearse y simular que no duele es un error porque los gestos de nuestro rostro ante el dolor son muy difíciles de disimular y al fingir queda expuesto nuestro falso vigor, mientras que si tomamos el camino opuesto y exageramos dolor e inmediatamente nos reponemos sobre nuestros dos pies, en la posición habitual y esperada para un transeúnte, generaremos compasión y admiración en los testigos. Compasión por vernos padecer grandemente y admiración al observar que nos reponemos a tal contrariedad.

Son muy pocos los que cayeron en público y salieron airosos de la situación, aun así hay agravantes, y entre estos, la peor caída debe ser la que sucede en el escenario y que deja a hermosas modelos desplomadas y en posiciones poco elegantes sobre la pasarela, o la de los cantantes que a pesar de caerse y soltar el micrófono al menos nos permiten seguir escuchando la canción por que tuvieron el buen tino de hacer playback durante toda su carrera. Esto no es todo, desde que los teléfonos móviles incorporaron filmadoras se han registrado millones de caídas y se compartieron en todas las redes sociales, de manera tal que nadie está exento de ser protagonista de una caída filmada y difundida que de seguro será vista por millones de personas, ya que las caídas se han convertido en una especie de subgénero de súper éxito en el mundo de los videos de Internet.   

Aquí, muy cerca de mi casa vive una señora que ejerce de pitonisa. Todos la conocen; la mayoría de los vecinos contrataron alguna vez sus servicios y quienes son ilustrados en las artes adivinatorias dicen que doña Sibila puede predecir el futuro con gran precisión. Yo no puedo negar estas declaraciones por que un día nublado la crucé en la vereda y con esa misteriosa voz que solo las pitonisas tienen, me dijo: ¡Parece que va a llover! y al ver que yo me quedé como esperando otra revelación más, abrió su gran boca y de sus rollizos labios salió la siguiente declaración: ¡Hasta luego! Yo dije antes que no podía negar que esta mujer fuese una verdadera adivina del futuro, porque ese día, increíblemente no llovió, entonces comprendí porqué razón ella me dijo: PARECE que va a llover. Yo comencé a confiar en su poder cuando la crucé por segunda vez ese día y comprendí porqué me dijo la primera vez ¡Hasta luego!. Sin embargo mi fe comenzó a desmoronarse unas pocas semanas después cuando la vi caerse al tropezar con el desnivel de la esquina. La pobre vieja se desparramó en el suelo y aunque no se hizo el más mínimo rasguño, los presentes nos preguntamos cómo podía ser que una adivina de tal alcurnia no pudo predecir un hecho tan simple como el de evitar una caída que le quitaría el ochenta por ciento de los clientes.  
Sin embargo, el poco de fe que aún conservo en ella se debe a la que tal vez sea la anécdota presocrática más hermosa que haya subsistido a los avatares del tiempo y que Platón la contaba más o menos en estos términos: 
Se dice que en una ocasión, Tales de Mileto estudiaba los astros con tal concentración que se cayó a un pozo, entonces una hermosa y pícara criada tracia entre risas se burló de que en su afán por conocer el cielo desatendiera lo que estaba entre sus pies. 
Tal vez a doña Sibila le pasó lo mismo, vaya a saber qué cosa estaba prediciendo mentalmente en ese momento como para no poder predecir un cambio de nivel en el suelo. 

Tales no solo desarrolló su teorema, además parece que al igual que mi vecina podía anunciar cosas venideras y fue el primero en predecir un eclipse en el año 585 antes de nuestra era. Aun así, tal como a mi vecina prefiero recordarlo por la anécdota de su caída. 



viernes, 30 de octubre de 2015

Sobre los que ven el vaso medio lleno, los que ven el vaso medio vacío y los que ven el vaso completo y tienen precisos artefactos de medición

El monólogo del día se propone analizar la paradoja del vaso medio lleno y medio vacío, que en realidad como muchas otras paradojas, prospera a partir de una trampa o un error. 

En defensa de los pesimistas, o sea de los que ven el vaso medio vacío, debo decir que esa ausencia en la que están concentrados representa de algún modo el porvenir. El vacío es posibilidad y también desafío, en términos aristotélicos, la mitad llena es acto, la vacía, potencia. Por supuesto el porvenir tiene tantas posibilidades de ser espantoso como magnífico, por lo que es razonable pensar que pueden acontecer tanto cosas no deseables como sorpresas felices, de manera tal que quienes ven el vaso medio vacío en realidad son más positivos que quienes ven el vaso medio lleno. A ver.

Quienes ven el vaso medio lleno saben que están concentrados en esta mitad por saber que hay una mitad vacía. Y esto suele ser motivo de orgullo para quienes se concentran en la parte llena. Del mismo modo quienes ven la mitad vacía saben de la existencia de la mitad llena y simplemente están concentrados en el vacío, osea que consideran la mitad llena, tienen noticia de ella, pero se ocupan del vacío. 

Básicamente, lo que voy a intentar hacer con esta paradoja es sumarle otra. 

En la mitad vacía del vaso yo pondría la caja con el gato de Schrödinger, (para quienes no sepan, Erwin Schrödinger planteó la siguiente paradoja para explicar nociones cuánticas: Dentro de una caja cerrada y en la que no podemos ver el interior hay un gato y un recipiente con gas venenoso sujeto a un dispositivo que tiene una partícula radiactiva con una probabilidad del 50% de desintegrarse en un tiempo determinado, considerando que si la partícula se desintegra, el veneno se libera y el gato muere; pero hasta que nadie observe el interior de la caja el gato podría estar vivo o muerto y también podemos admitir que el gato está vivo y muerto teniendo en cuenta el principio de superposición de los estados)   

El punto es que quien ve la mitad vacía, se encuentra frente a un vaso hasta la mitad de agua y en la parte superior del vaso una caja con un gato adentro con 50% de posibilidades de vivir y 50% de morir. De manera tal que: 

-O vive de la fe, o sea sin abrir la caja, con la esperanza de que el gato esté vivo. 

Lo cual sería sumarle fe al vacío y se podría traducir en: 50% lleno + Fe 

-O abre la caja y fuerza a la naturaleza a colapsar en una única realidad con dos posibilidades.

A) Si el gato vive, sería el equivalente a un vaso completo de dicha.

B) Si el gato está muerto al menos tuvo noticia de la mitad llena del vaso y se lanzó en una búsqueda por completar el vacío y, si bien llenó la mitad superior con pesar, al menos se trata de pesar real, sabiendo que la promesa de un mal venidero siempre es peor que un mal realizado, por que este último es plausible de ser medido, mientras que el venidero, es imaginario y muta.

Comúnmente, quienes se concentran en la mitad llena, no dedican demasiado tiempo a la mitad vacía porque su mayor virtud es, precisamente, no darle importancia al vacío, y por eso les llaman positivos, en cambio, los que se concentran en la mitad vacía están ansiosos por saber que sucederá con ésta a pesar de advertir que ya está a medio llenar el vaso.

Mientras los hombres de la mitad llena se contentarán con lo que hay, los otros saldrán a la aventura que supone la incertidumbre. Como en toda aventura, los héroes padecerán, se quejarán, se agotarán, pero tal vez encuentren grandes dichas, para los demás está la opción de conformarse con medio vaso de agua. 

De cualquier modo se evidencian varios problemas en este planteo, en primer lugar sabemos que una paradoja es complicada de resolver ¿Para qué sumar otra? (aunque menos por menos es más y ocasionalmente de la suma de dos pesares al menos superamos uno. Le dejamos la paradoja del gato a Erwin Rudolf Josef Alexander Schrödinger y sus amigos, nosotros nos contentamos con resolver la del vaso de agua). Y el otro problema de la suma de paradojas es el siguiente: ¿Quién estaría feliz por tener un vaso que tiene agua hasta la mitad y ocupando la mitad de arriba, una caja con un gato probablemente muerto a causa de gas venenoso o peor aún, un gato vivo y muerto, lo que sería un gato zombi?. ¡Qué asco! 

Por fortuna se me ocurre otro ejemplo. A ver.

Olvidemos el gato en la caja y volvamos al vaso medio lleno o medio vacío (como usted prefiera) pero no olvidemos a nuestros amiguitos de la física cuántica que proponen que el vacío no es la nada, incluso que existen diferentes clases de vacío, de manera tal que el que se concentra en la mitad vacía del vaso, tiene noticia de la mitad llena y dedica la mayor parte de su concentración al vacío cuántico, o sea que lejos de ser un simple pesimista, es un científico post moderno. A esto debemos sumarle que la mitad vacía, no es tal cosa, simplemente no hay agua, pero si oxigeno y muchas y diversas partículas, y si pudiésemos sacar de la mitad “vacía” del vaso: el oxígeno, todos los átomos, toda la materia sin alterar la mitad con agua dejándola intacta, si pudiésemos hacer tal cosa, aun daríamos con vacío cuántico. O sea un vacío colmado de cosas.

Ahora sí, dejemos definitivamente a los físicos, o no tanto, porque quisiera despotricar contra los ejemplos gráficos de esta paradoja. Muchas veces se utilizan fotos o dibujos de un vaso con forma cónica que se va ensanchando hacia la parte superior, de manera tal que el vaso está hasta la mitad de agua, pero en realidad no contienen las mismas proporciones de agua y vacío, porque la parte inferior es más pequeña por no ser el vaso cilíndrico, con esto quiero decir que ocasionalmente los “positivos” suelen contentarse creyendo que poseen la mitad llena del vaso cuando en realidad su vista los está engañando.


DEDICADO A MIS QUERIDOS AMIGOS QUE ESTÁN OBSESIONADOS CON LA MISMA MITAD DEL VASO QUE YO.  


viernes, 23 de octubre de 2015

Sobre el ansia de llamar infinito a todo lo recóndito


Esa pusilánime costumbre de llamar infinito a todo lo recóndito solo genera confusión. Yo no sé si debe a la vana necesidad de llenar de misticismo a la vida, o si se trata simplemente de un análisis típico de quien padece miopía intelectual. 

La palabra infinito, suele ser usada con liviandad poética y muy pocas veces con rigor científico, o filosófico. Los jóvenes dicen a sus pretendientes amarlas hasta el infinito, (afirmación que no significa nada y por ende es una promesa de poca monta muy bien recibida por quienes poco saben de matemática y gramática). Buzz Lightyear afirma: "¡To infinity, and beyond!" y se niega a creer que es un juguete dentro de la habitación de un niño.

Es comprensible que haya gente con poco entusiasmo para medir cosas inmensamente grandes, lo que no es comprensible es que se consideren reales los preceptos arrojados por estos perezosos que exponen propuestas demasiado poéticas para ser científicas y aburridamente científicas para ser poéticas. Con todo esto no quiero entrar en el tema de la posibilidad o no del infinito, simplemente quiero decir: No hay infinita cantidad de células en nuestro cuerpo, ni infinita cantidad de estrellas, siquiera es infinita la pereza del que lanza estas afirmaciones al mundo, solo es poseedor de la pereza necesaria para, no estudiar medicina ni astronomía, y por supuesto tampoco tiene suficiente ánimo como para buscar investigaciones ajenas. 

En el caso de que no se trate de pereza, la otra razón que se me ocurre para comprender por qué hay tanta gente intentando convencernos de la infinitud de cosas que son finitas, es porque las consideran mejor así, sin comprender el error que esto supone, voy a citar una frase típica: SUS OJOS SON POSEEDORES DE INFINITA BELLEZA. Bien, esta frase a mi me genera más desencanto que embelesamiento, porque si la INFINITA belleza de sus ojos debe ser percibida por mi limitada visión, no me alcanzarían todas las horas de mi finita vida para conocer una belleza de esta condición y esto señores, es muy frustrante.  Del mismo modo nunca falta el que en una reunión intenta caer en gracia comentando que según unos científicos el universo podría ser infinito, y considerando que ésta sea una buena noticia espera la aprobación de sus interlocutores que en el mejor de los casos serán indiferentes a esta información y solo levantarán uno de sus hombros y abrirán los ojos grandes como intentando demostrar interés por algo que les importa un bledo o les resulta en partes iguales estúpido y aterrador. 
 
Los más osados lanzan frases como: TODO SERÍA MEJOR DE SER INFINITO. Y si bien yo estoy de acuerdo en que no me quiero morir, se me ocurren, rápidamente, algunas actividades que son mejores siendo finitas, y que inclusive se tornan más divertidas hacia la culminación, como por ejemplo la final de la copa del mundo. 

Lo infinito es ante todo lo eternamente inconcluso, imagínese usted, querido lector, los horrores que esto supone. Saber por ejemplo, que los números tienen más proyección que cualquier contador y que hasta los contables más laboriosos y precoces, aun contando a gran velocidad desde su más tierna infancia hasta el día de su muerte, solo podrían pronunciar una infinitésima parte de los infinitos números. 

En el caso de la música damos con una obra atormentadora que es de carácter infinito y con una letra que hace alusión a esta desgracia eterna en la que se describe a unos paquidermos que se balancean sobre una poderosísima tela de araña. Los obstinados que caen en la trampa de comenzar a cantarla y son demasiado escépticos como para aceptar su infinitud mueren cantándola, inclusive aquellos que hacen trampa y comienzan desde números grandísimos.   


viernes, 16 de octubre de 2015

Sobre los juegos y juguetes de antes y los de ahora

Con esto me refiero a los cambios que se dieron desde mediados del siglo XX hasta la actualidad en lo que respecta a los juegos y principalmente a los juguetes, considerando el desarrollo tecnológico entre otros.

Existe la idea de que los juguetes de antes estimulaban en mayor medida la creatividad y yo sospecho que no es así, al menos no en todos los casos. A ver.

En primea instancia es recomendable intentar recordar con la máxima cantidad de detalle posible como jugábamos en la infancia. Yo recuerdo que había diferentes clases de jugadores, desde los peores que con una mano movían sistemáticamente un autito hacia adelante y hacia atrás, hasta los más astutos jugadores que pasaban días enteros construyendo pistas, nombrando a los conductores de dichos autos, emulando sonidos de motores con la boca, generando colisiones extraordinarias que no interrumpían la carrera y cientos de situaciones más. Sin embargo del mismo modo que había grandes guionistas de historias, con quienes tuve el inmenso placer de jugar a los autitos, también había niños que siquiera querían moverse del lugar para desplazar su auto y tampoco se tomaban el trabajo de hacer el sonido que merece una frenada abrupta. A partir de esto, caigo en la cuenta de que había mejores y peores jugadores de autitos y que la creatividad no nos era pertinente a todos y pongo en tela de juicio cual es el desarrollo creativo de alguien que mueve incontables veces un autito hacia adelante y hacia atrás.

Aprovecho el espacio para confesarme; yo he jugado a las muñecas con mis primas, y si bien yo era el titiritero de un muñeco, aun así, este juego entraría dentro de lo que llamamos jugar a las muñecas por que la proporción de mujeres, con sus respectivas muñecas, era significativamente mayor y las situaciones planteadas eran sumamente femeninas, de otra manera John Rambo jamás hubiese tenido como misión hacer dormir al bebé, preparar la comidita y pasear con su esposa en la plaza, y por más Barbie que fuese ésta, Rambo jamás se mostraría en público haciendo cosas semejantes.

Esta confesión me da pié para recordar que entre las niñas también había distintas categorías de jugadoras, que iban desde las que peinaban hasta la calvicie a sus muñecas, aun a sabiendas que luego del peinado mil veintiocho ésta luce como quien padece tricotilomanía, hasta las que hacían vivir historias de amor increíbles a sus muñecas, que afrontaban desencuentros amorosos, reponiéndose inmediatamente y luego de eso se enamoraban de un sanguinario y musculoso soldado que a pesar de su oficio y condición no tenía problemas de preparar la comida, hacer dormir al bebé y pasear por la plaza.
En oposición a esto, hoy los niños juegan carreras en consolas de videojuegos con guiones que van desde pésimos y parecen estar compuestos por el que ayer movía hacia adelante y hacia atrás un autito, hasta muy buenos, que evidentemente son desarrollados por gentes más perfeccionistas.
No son pocos los que consideran que los juegos de antes no eran violentos. Esto es un error, no podíamos ver a los soldaditos de plomo disparar y esparcir sangre enemiga, como si se ve hoy en los videojuegos, pero estos muñequitos representaban profesionales de la guerra al fin de cuentas y cuando jugábamos con ellos, nos imaginábamos muchas de las cosas que muestran los juegos de hoy, en definitiva, podríamos decir que los juegos de antes no eran tan explícitos. Recuerdo una ocasión en la que mi amigo Maximiliano y yo jugábamos a los soldaditos en el patio de mi casa. Luego de dividirnos la misma cantidad de tropas comenzamos el combate, que ciertamente fue complicado y lejos de respetar los convenios de Ginebra, la situación llegó a tal punto que cuando solo nos quedamos con un sobreviviente cada uno, lo persuadí para que estalle una mina terrestre y el juego termine en empate con pérdidas totales en ambos bandos. Él aceptó y luego del desenlace en el que parecíamos compartir el pesar de la derrota, yo saqué un soldadito que había escondido debajo de una piedra y dije: Gané, vos no mataste a éste que estuvo escondido y a salvo durante toda la batalla. A los ojos de mi madre que nos miraba de vez en cuando desde la cocina, ésta fue una jornada de sanos juegos infantiles, pero en nuestras mentes resonaba la tragedia de la guerra y la traición. Éste fue un triunfo sin sabor a victoria y aun espero que la vida me dé la oportunidad de volver a jugar a los soldaditos con mi amigo Maximiliano para cambiar el desenlace de esta contienda o al menos para contarle que el sobreviviente se sintió cobarde y fue infeliz desde ese momento.

Alguna vez he escuchado el siguiente planteo: Cuando yo era niño se jugaba con palitos y tierra ¡Esos eran juguetes mejores que todos los de hoy, que son pura tecnología! Este postulado evidencia dos aspectos: el primero es que el bueno es el que usa el palo y no el palo. No podemos considerar mejor a un juguete solo por ser rudimentario, ni podemos negar el genio de alguien que es capaz de crear grandes aventuras solamente con palitos y tierra, pero insisto, esto no es propio de todos los niños, y el otro aspecto a considerar es que la ausencia de complejidades no evidencia superioridad, ni estimula necesariamente la creatividad; un palo no estimula la creatividad más que una consola de videojuegos solo por ser simple. Un libro con sus páginas en blanco no estimula más la creatividad que Hamlet. Usted podría decirme, el punto es que en los videojuegos está todo dicho y en un libro de Shakespeare también, mientras que uno debe convertir con su imaginación un palito en una vara mágica con poderes extraordinarios y del mismo modo, un libro con sus páginas en blanco nos obliga a inventar nuestra propia historia. Sin embargo debo decir, que los creativos ven mucho más allá de la historia que se les muestra en el videojuego, de hecho suelen completar las deficiencias del guión con ideas propias y parecen ver cosas que no están y ni hablar de los creativos que leen Shakespeare, que ocasionalmente al terminar la lectura salen disparados a buscar libros con hojas en blanco y se disponen a escribir, y al menos no cometen la torpeza de creer que son los primeros en hacer una historia sobre un tío traicionero y un fantasma que solicita que se haga justicia por su muerte.

Por último, en defensa de los juegos de ahora, he notado que son más unisex y se permiten niños en juegos que eran vistos como exclusivos de niñas y también a viceversa, algo que resulta sumamente positivo considerando que cuando yo era niño, el juego unisex por excelencia era el doctor y en otra terrible confesión, debo decir que, tal vez por tímido, tal vez por azar o capricho del destino, jamás lo jugué.