viernes, 18 de diciembre de 2015

Sobre los contratos


Todo contrato es ante todo la evidencia de un desencuentro.

Los contratos no son cosa nueva, en el derecho romano ya se los nombra, inclusive los había de diferentes categorías y referían a un acuerdo de voluntades que pretendían brindar protección a los contrayentes ante posibles irregularidades. Estos contratos estaban abalados por la justicia romana y contribuyeron al orden civil y a la multiplicación de relaciones forzosas. A ver:

Las relaciones más genuinas no necesitan pactos, contratos ni acuerdos pre establecidos, simplemente porque la amistad, por ejemplo, es el resultado de un encuentro entre personas que desarrollan un vínculo afectivo que no permitiría abusos ni daños, por la simpatía que los mancomuna. Usted podría preguntarse entonces que pasaría entre personas corrompidas y protervas. En este punto podemos recordar a Cicerón que consideraba que la amistad se da entre quienes poseen el sumo bien en la virtud, en pocas palabras los maliciosos no conocen la amistad y tal vez si necesitarían de un contrato para establecer una.     

Casi nadie se aventura a establecer contratos de más de tres años de duración en ningún ámbito, sin embargo algunos se arrojan al matrimonio con la esperanza de sostener un contrato vitalicio y si bien esto parece ser una locura, un salto de fe, quienes juzguen irracional esta clase de decisión, podrían festejar el romanticismo que se da solamente en este tipo de contrato o al menos que se daba antes de que la especulación financiera se abriera camino en el único contrato que parecía gozar de cierta nobleza. El contrato prenupcial es otro intento más de restar pasión sin sumar razón y ante tal situación solo nos queda saborear el sinsabor.

Todos los días, la mayoría de los seres humanos establecemos relaciones contractuales, escritas u orales. Al comprar pan o cualquier otra cosa, estamos estableciendo un contrato, y teniendo en cuenta que los contratos tienen diferentes componentes, la que más suele tenerse en cuenta por las diferentes partes, es la obligacional. Por esta razón estoy seguro de que un encuentro amoroso no necesita contratos de ningún tipo. El amor no sabe nada de obligaciones, no las necesita, al menos cuando es compartido, por supuesto como los encuentros amorosos suceden con poca frecuencia, el contrato aflora como una herramienta que permite a aquellos desafortunados que no les tocó enamorarse de alguien que los ame, poder vivir una relación, que los observadores menos  perspicaces confunden con un encuentro amoroso. Claro que el castigo es tremendo para quienes quieren hacer de un desencuentro una familia y vale aclarar que en estos casos ni el mejor de los contratos los libra de pesares.

Durante cuatro años alquilé la casa de un locatario que solía decir: “conmigo despreocúpate por que yo soy confiado y creo en la palabra; a esta declaración yo solía responder: Que bien, porque yo jamás lo estafaría. Como indicio de que su declaración era falaz aun conservo los dos contratos de alquiler que el mismo redactaba. Las dos veces que firmamos los contratos se comportó de manera inquietante, se comía las uñas y miraba con pánico a la escribana mientras golpeaba los dos talones contra el piso con la destreza de un baterista de heavy metal. Antes de mudarme a otra ciudad, al finalizar el último contrato le dije: tal como le prometí siempre pagué al día y él me respondió: Si, fue muy buen inquilino y siempre confié en usted. Esa fue la última vez que lo vi y podría asegurar que ambos sentimos casi el mismo vacío: Él por perder una oportunidad de confiar en quien lo merecía, y yo por perder una oportunidad de demostrar que soy confiable, porque en definitiva jamás sabremos como hubiese sido nuestro vínculo sin contratos de por medio.



sábado, 12 de diciembre de 2015

Sobre los bienhumorados y los malhumorados


Parece ser que la población mundial está dividida en dos: bien humorados y malhumorados, y con esto no nos referiremos a quienes saben contar chistes o no, sino a quienes son capaces de sonreír, inclusive, ante la peor de las tempestades y a quienes están a disgusto hasta en el mejor de los días.

Comenzaremos hablando de los que poseen buen humor, aclarando antes, que dentro de este grupo existen categorías: Por un lado encontraremos a aquellos que gozan de buen ánimo y se sienten dichosos y por otro lado, aquellos que quieren irrumpir en el grupo de los bien humorados simulando ser poseedores de infinitas alegrías, a estos últimos bien podríamos llamarles infelices desesperados (le recomendé este denominativo a mi terapeuta para que lo use con sus pacientes, así que si usted es un infeliz desesperado y por casualidad comienza a tratarse con mi psicólogo y le dice que es un infeliz desesperado hágamelo saber. Gracias) en definitiva, este apelativo me resulta preciso por que alguna vez me he encontrado con gente a la que le preguntas como se siente y no titubea en decir: Mal, estos parecen ser infelices equilibrados que no tienen necesidad de simular dicha, sin embargo, nada resulta más evidente que una carcajada fingida, y pocas situaciones resultan más incómodas que las que atravesamos al oír discursos del que sabemos que padece y acusa bienestar. En definitiva son preferibles los infelices sinceros que los falsos dichosos, ya que estos últimos, evidencian su pesar intentando ocultar su mal humor con malos chistes creyendo que mostrar los dientes y sonreír es lo mismo.

Dentro del grupo de los mal humorados también hay unos que simulan ser portadores de insoportables pesares porque, como sabemos, muchos genios fueron infelices, (Dante padeció por Beatriz, Beethoven por su sordera, Borges acusó en su poema "El remordimiento" no haber sido feliz y así podríamos sumar muchísimos genios a esta lista) de manera tal que hay un gran grupo de falsos infelices que consideran que la infelicidad, el mal genio y el mal humor son el punto de partida de la genialidad y por este error, con la ilusión de adquirir el genio de Borges, en vez de ponerse a leer, se disponen a sufrir, que es mucho más fácil.   Es necesario aclarar en este punto que se puede ser infeliz y estúpido.

Sigmund Freud, tratando a Anna O y luego a otras pacientes, llegó a suponer que la histeria se remontaba a experiencias traumáticas de la infancia referentes al sexo. Una vulgar interpretación de este estudio freudiano hizo suponer a algún sector de las clases populares que la histeria era simplemente mal humor y que la cura se alcanzaba cuando la paciente conseguía un amante activo y viril que generosamente le convidase de sus virtudes en el campo de las artes amatorias. En todo momento hablamos de pacientes femeninas porque en primera instancia se supuso que la histeria solo podía darse en mujeres, sin embargo hoy sabemos que aunque es menos frecuente en ellos, la histeria es un trastorno psicológico unisex. 

Entre aquellos que consideran que el mal humor es producto de algún trastorno psicológico o biológico se suele generar una molesta expectativa cuando un mal humorado sonríe. Esta clase de actitudes por parte del hosco suele generar esperanzas en vecinos y amigos que no demoran en desilusionarse tras la casi inmediata fruncida de ceño de aquel que vuelve al estado que le es más propio.

En definitiva podríamos decir que, tanto el bienhumorado como el malhumorado, tienen la facultad de hacernos sentir incómodos por su capacidad de mantenerse ajenos a la situación, siempre fieles a su sentimiento; quiero decir: un malhumorado expresando su fastidio en una fiesta, es tan exasperante como un bienhumorado contando chistes en una situación luto. Aun así este blog se sigue declarando a favor de quienes demuestran sus más sinceros estados de ánimo.



lunes, 7 de diciembre de 2015

Sobre las decisiones


Hoy el loro se dispone a exponer elucubraciones ajenas con sus insuficientes e innecesarios análisis. Esta vez respecto de las decisiones e indecisiones y sus consecuencias.

En principio podríamos decir que la indecisión, es la duda o falta de determinación, mientras que la decisión es la resolución. También podemos pensar en el destino, el libre albedrío y la casualidad para encarar este tema. A ver:

El destino según su etimología está vinculado con la puntería, con el blanco, y según los antiguos se trata de un recorrido sobre el que no tenemos potestad alguna. Platón parece no estar del todo de acuerdo; considera que los espíritus vulgares no tienen destino. Aún así, se suele suponer que muchos griegos consideraban que el hado era un poder sobrenatural que comandaba los sucesos de la vida de manera ineludible, inclusive por encima de los dioses. En la mitología griega los dioses del Olimpo no son los primeros, de hecho son la octava generación si consideramos al Caos como entidad primera, o sea que vinieron a parar a un universo que ya estaba en marcha y por ende, sobre el que no tienen poder absoluto. De hecho se hizo una división de parcelas en las que Zeus se quedó con las mejores instalaciones, compuestas por  amplias y luminosas habitaciones celestes decoradas con pomposas nubes y con vista al planeta, mientras que Hades se tuvo que conformar con el helado, gris, poco ventilado y contaminado inframundo y todo esto por estar destinados. Imagino que ante esta situación Hades debe pronunciar groserías de todo tipo y supongo que también alguna vez se habrá preguntado cuál será el destino del destino. 
  
Por otro lado el libre albedrío en el cristianismo suele aparecer como un punto de inflexión entre el perfecto e inamovible plan divino y la decisión personal. Sin embargo, a la cotorra parlanchina que escribe estas líneas le cuesta la concepción de tal idea y a la hora de considerarla tiene una postura relativamente calvinista, considerando que el perfecto y todo poderoso ya sabía desde antes de la creación quien sería salvado y quién no y conoce el principio, nudo y desenlace de la historia que él diseñó en su perfecto y divino plan. 

Para quienes no se sienten demasiado a gusto con estos planteos y se sienten más abrigados por la ciencia, la idea de libre albedrío podría ser considerada desde la psicología, que supone que el individuo puede forjar su propio destino al menos parcialmente. Para esclarecer esta postura de la psicología citaremos una frase de nuestro amigo Arthur Schopenhauer, que no era psicólogo. Él decía más o menos: 

EL DESTINO MEZCLA LAS CARTAS, Y NOSOTROS LAS JUGAMOS. 

A partir de estudios realizados en diversos campos científicos podemos considerar al destino casi como lo razonaban los antiguos, aunque desprovisto de todo misticismo. Según nuestra constitución biológica, y más puntualmente según particularidades de nuestro cerebro, generaremos determinadas ideas. 

Deliremos un rato: La mente es producto del cerebro. Supongamos que en algún momento vamos a poder conocer con precisión todas las cualidades de cada minúscula parte de nuestro cerebro, tal vez podríamos enumerar todas las producciones mentales posibles acordes a ese cerebro y por ende especular, al menos a grandes rasgos, nuestro destino. Por supuesto esto no resolvería completamente el asunto. No es tan sencillo. Deberíamos sumarle variables culturales, sociales, económicas y muchas otras, aun así vale la pena pensar que tal vez no podemos dejar de ser nosotros mismos y que más allá de las decisiones que tomemos, estas siempre son resultados de nuestra mente y a la vez, estas producto de nuestro cuerpo o puntualmente de nuestro cerebro.

En definitiva, si usted no sabe cuál es el mejor destino para vacacionar y eso lo está torturando tiene varias opciones:

1) El destino ya está escrito, deje de torturarse creyendo que toma decisiones que en realidad ya fueron tomadas por el propio destino.

2) El universo es un desorden gobernado por la casualidad, así que vaya a cualquier lugar por que en cualquier lugar pueden suceder cosas horribles y/o maravillosas y estas no son previsibles.

3) No haga caso a este insignificante y confuso análisis y siga torturándose sobre el lugar de sus vacaciones.


En definitiva, si consideramos que nuestra esencia es invariable quitaremos responsabilidad a las decisiones, precisamente por comprender que nuestra esencia es inalterable, vacacionemos donde vacacionemos.    Ahora bien, si la decisión que debe tomar es realmente importante y se trata de un asunto realmente significativo, la mejor recomendación que le puede brindar este blog es que deje de leerlo. Este es un espacio carente de todo acierto. Vaya a pedir consejos al pastor de su iglesia, o al científico de su universidad, o a su agente de viajes, pero recuerde que este último no es el único que dice tener las mejores opciones y que solo quedan los dos últimos asientos hacia el mejor destino.  


sábado, 28 de noviembre de 2015

Sobre la cortesía


La cortesía ayuda a sostener el noviazgo con la persona que amamos a pesar de que a veces nos pida opinión sobre una horrible remera que lleva puesta. Este es uno de los escasos beneficios de la cortesía que se nos presenta bajo la forma de mentira piadosa o estafa menor con intenciones, sino buenas, al menos poco incisivas. Por supuesto siempre debemos tener presente que no somos los primeros en hacer uso de la cortesía y es válido considerar que nuestra pareja nos pregunta qué opinamos de su remera por cortesía, porque en realidad poco le importa nuestra opinión al respecto. Esta situación, en la que dos personas se vinculan solo por cortesía es mucho más frecuente de lo que creemos y, si más a menudo nos animásemos a considerarla, créanme que podríamos librarnos de aburridísimas reuniones con compañeros del trabajo y otras situaciones análogas en las que somos invitados por cortesía y nosotros asistimos por la misma razón. De hecho muy a menudo suelo imaginar cómo podría resolverse la misma situación haciendo uso de la cortesía y luego sin ella:

Situación haciendo uso de la cortesía: 

 -Hola, este Sábado festejo mi cumpleaños y por supuesto estás invitado.
-Sí, lo recuerdo, voy a ir, aunque solo un rato, porque el Domingo corro en el maratón.

RESULTADO: Encuentro poco deseado por ambos individuos, incómodo saludo, te debo el regalo para la próxima, risas falsas, falsas aprobaciones, fin.

Situación  sin uso de la cortesía: 

-Hola, este Sábado festejo mi cumpleaños y preferiría que no vengas porque no te odio, pero siquiera me pareces una persona alegre.
-Qué bueno que lo planteas así, porque no me caes mal, pero tampoco iría al cumpleaños del novio de mi prima con quien no tengo un solo tema de conversación, es más, te estaba por mentir diciendo que correría un maratón al día siguiente para irme temprano.  
-Nadie creería lo del maratón evaluando tu figura.
-Lo sé, pero es lo primero que se me ocurrió. 

RESULTADO: Desinteresado saludo, sensación de alivio compartida, fin.
     

Se suele considerar que la cortesía es el fertilizante más apropiado para hacer germinar una relación, sin embargo, resulta sumamente enojoso escuchar a alguien que aprueba todas nuestras lucubraciones inclusive cuando estas se contradicen. En este sentido alguna vez escuché que los enemigos son más sinceros que los amigos, esto es un error inmenso, porque aun si decidimos llamar amigos a los lisonjeros que nos rodean; debemos admitir que los enemigos también mienten y exageran odio en sus declaraciones, principalmente por que el odio no admitiría enojos ordinarios y resulta inaceptable un enemigo mesurado que declara cierta disidencia respecto de alguna de nuestras ideas. Un enemigo se vuelve efectivo cuando declara odio absoluto hacia todo nuestro ser y esto es muy difícil de concebir. 


En lo que respecta a los regalos parece haber categorías, y entre los peores existe uno al que suelen llamar presente de cortesía, comúnmente se trata de una baratija insignificante, que lejos de generar alegría, es capaz de producir doble malestar: desilusión en quien lo recibe e incomodidad en quien lo da. En este caso aconsejo a la humanidad que se olvide de los regalos de cortesía por que como ya acabo de demostrar son particularmente molestos. Ni hablar de los aperitivos de cortesía que sirven en algunos restaurantes: Todos sabemos que esas copas se completan con el champagne de las botellas más baratas del local o con los restos de comensales de la semana pasada.


Usted ya podría estar preguntándose quien le cederá el asiento en el colectivo si nos deshacemos de la cortesía, sin embargo este blog es amigo de quienes ceden el asiento por que están convencidos de que están haciendo un bien y no por la cortesía misma y los reconocimientos que esta conlleva.  





viernes, 20 de noviembre de 2015

Sobre la asistencia de las musas


El monólogo del día se propone dilucidar sobre la inspiración.

A veces creo que estoy inspirado y que estoy componiendo algo asombroso y al otro día cuando reviso lo hecho, me doy cuenta de que es una porquería y de que no fui asistido por ninguna musa o simplemente la musa me engañó. Así fue como deduje que, las musas pueden mentir, o no existen o simplemente jamás me visitaron, todas me resultan probables dada mi incapacidad para crear. Sin embargo, a pesar de ésta, mi desdicha, y siguiendo las enseñanzas de nuestro amigo René Descartes, voy a pensar y luego existir, de manera tal que no voy a convertir esta tragedia personal en una regla general y voy a intentar posicionarme por encima de mi propia experiencia para analizar la mecánica de la inspiración y la visita de musas.   

Desde los Veinte años escribo con cierta regularidad, y casi no me privé de ningún género literario: cuentos y relatos breves, poemas y letras de canciones, ensayos y frases. Atendiendo a lo épico, lo lírico y  lo dramático me pasee por todas las formas literarias conocidas y fracasé con rigurosa efectividad en todos mis intentos. Fue entonces cuando me percaté de que en mi casa estaba el timbre roto desde hacía por lo menos diez años y muy probablemente las musas tocarían dos o tres veces y al ver que nadie atendía se irían a la casa de Borges en la que siempre anduvo muy bien el timbre. Además es muy incómodo estar escribiendo y que llegue visita, yo particularmente opto por no atender, el problema es que podrían haber sido las musas quienes venían y yo para simular que no estaba en casa ni me moví de la silla, para colmo de males, Esas llegan cuando uno está trabajando en la obra de arte, casi nunca aparecen en el bar mientras uno está tomando una bebida espirituosa. Lo que si suele suceder es que cuando uno se tomó una bebida espirituosa puede creer que está siendo asistido por la musa y si comete el error de pedir lápiz y papel al barman y escribe lo que la musa le dicta notará al otro día que quien dictaba no era la musa, sino el Whiskey, que siempre dicta porquerías incomprensibles y carentes de todo valor artístico. En este sentido supe de algunos escritores, relativamente buenos, que decían tomarse unos tragos antes de escribir. No son pocos los críticos que defienden la idea de que por tomar eran buenos, yo niego rotundamente esto, no me quiero imaginar lo incómodo que debe ser para la musa dictarle cosas a un señor que está beodo, diciendo una y otra vez la misma frase mientras el escritor en vez de escribir la invita a salir y le promete vida prospera patrocinada con regalías jamás cobradas.  Tampoco quisiera estar en los zapatos de una musa que dictó versos propios de su divina esencia a un  borrachín que terminó presentando un libro con lo poco que pudo percibir del mensaje divino que le fue transmitido. En este caso bien podría la musa demandar por difamación, a quien publica libros horribles en su nombre.

Ya en el siglo XIX los psicólogos depositaron la inspiración en la psiquis y dejaron desempleadas a las musas, de hecho, algunas corrientes casi no le dieron cabida a nada ajeno a la psiquis, el mundo exterior perdió poder en el terreno de la inspiración, estaba madurando un hombre que hacía ya varios siglos iba en busca de la autosuficiencia, con la intención de erradicar toda metafísica. Luego la metafísica se convirtió en una casa abandonada que fue usurpada por ruines y oportunistas. Poco a poco la inspiración fue mutando y las musas fueron sustituidas por seres mortales al punto que muchos artistas dicen encontrar “su musa inspiradora” en sus desvencijadas mujeres.  
   
En términos generales la mayoría de los seres humanos suelen tener ocurrencias que les parecen dignas de ser escritas, luego en su pusilánime cotidianidad, dejan sus ideas en manos del olvido. En este sentido todos creemos que más de una vez estuvimos inspirados, y si consideramos a la inspiración como ese estado de locura en la que el poeta alcanzaba un frenesí divino en el que se conectaba directamente con los dioses, usted querido lector probablemente se planteará: ¡Qué lástima que se pierdan tantas ideas y que tantas inspiraciones hayan ido a parar al olvido por no ser escritas! Sin embargo yo le voy a ahorrar lamentos y le puedo asegurar que el problema más grande es el contrario: El mundo está repleto de textos producto de falsas inspiraciones y de supuestos encuentros con las hijas de Zeus, créame, el mundo está propasado de textos que no merecían ser escritos y bien les hubiese venido el olvido, sin embargo algunos charlatanes insisten en hacer creer a sus lectores que algunos dioses les dictan sublimes versos sin darse cuenta de que quien les dicta es en realidad el viejo de la esquina y que ellos no son más que loros parafraseando monólogos ajenos.  


viernes, 13 de noviembre de 2015

Sobre el dinero


El monólogo del día se propone analizar un tema que fue tratado incontables veces  y este blog que es especialista en decir cosas ya dichas y que tiene menos novedades que las matemáticas, no se podía privar de ahondar allí donde no hay profundidad alguna. El tema del día es el dinero.

A lo largo de mi vida he escuchado opiniones diversas, ocasionalmente, opuestas, que van desde: el dinero es una porquería y solo trae problemas, hasta: el dinero es la única buena noticia de este mundo. Yo, con la escasa capacidad intelectual que me caracteriza voy a intentar, con la ineficacia que me define, posicionar al dinero en el pedestal que le corresponda.

En primer lugar es necesario que acordemos que la felicidad es el objeto primero, y evaluaremos el dinero en función de la felicidad o no que proporcione. 

Cuando yo era niño, solíamos preguntarnos con mis amigos qué haríamos si encontrásemos la lámpara del genio al modo de Las mil y una noches y nos concediesen tres deseos. La mayoría pedía posesiones muebles e inmuebles de gran valor, otros, más espirituales, pedían paz, otros con intereses económicos, pero más astutos que los primeros, pedían infinita cantidad de dinero y los que yo considero los mejores solían pedir felicidad, porque en última instancia, los objetos de gran valor, la paz, el dinero infinito, los pedían para otorgarse bien estar, que en su estado máximo de desarrollo es lo que conocemos como felicidad. Todos los que encontraban la lámpara pedían cosas para su propia satisfacción, salvo los más generosos que pedían en el segundo o tercer deseo algún bien para otro, por supuesto no debemos olvidar a quienes con una actitud poco romántica y especuladora pedían en el primer deseo que les concedan infinitos deseos y a partir de este pedido el segundo y el tercero tienen la misma importancia que el setecientos veintitrés o el mil cuarenta. En definitiva, parece que en la categoría “Encuentro de lámparas mágicas” la mayoría de los deseos son de carácter económico. 

 El término dinero, viene del latín denarius que era la moneda utilizada en la antigua Roma y equivalía a diez asas, sin embargo, el dinero (con otro nombre) ya existía antes de la fundación de roma, de hecho se lo nombra en el Código de Hammurabi.  

Desde tiempos remotos muchos fueron los que se preguntaron acerca del dinero, de hecho, Aristóteles, en su Ética nicomaquea dividió la vida humana en tres clases a saber:

-LO QUE UNO ES.
-LO QUE UNO TIENE.
-LO QUE UNO REPRESENTA.

Dejando en el segundo aspecto a todas las posesiones materiales; en el primero la personalidad, comprendiendo a esta como: salud, fuerza, belleza, temperamento, carácter moral la inteligencia y su desarrollo, y por último la opinión que tengan de nosotros dividida en honor, categoría y gloria. Comprendiendo que generan más dicha las cosas que provienen del interior (Lo que uno es) que aquellas que tenemos o representamos, que además se pierden con mayor facilidad, precisamente por no sernos del todo propias.

También Epicuro dividió en tres partes, pero a las necesidades humanas a saber:

-NATURALES Y NECESARIAS.
-NATURALES, NO NECESARIAS.
-NI NATURALES, NI NECESARIAS.

Entendiendo que el primer ítem es para las necesidades alimenticias y de vestimentas básicas, el segundo para la satisfacción sexual y el tercero y último para el lujo y la abundancia.
   
Como ante última cita voy a referirme a Schopenhauer, que de hecho es quien citó a los autores anteriores en el Arte del buen vivir, y decía al respecto del dinero más o menos lo siguiente:

SE ACUSA CON FRECUENCIA A LOS HOMBRES DE FIJARSE MÁS QUE NADA EN EL DINERO Y DE AMARLO MÁS QUE A TODO EL MUNDO. SIN EMBARGO ES MUY NATURAL, CASI INEVITABLE, AMAR LO QUE, SEMEJANTE A UN PROTEO INFATIGABLE, ESTÁ DISPUESTO EN SOLO UN INSTANTE A TOMAR LA FORMA DEL OBJETO ACTUAL DE NUESTROS DESEOS TAN MÓVILES O DE NUESTRAS NECESIDADES TAN DIVERSAS.

Por supuesto, esto no es todo y esta sentencia no es definitiva. Schopenhauer se percató también de que lo ya obtenido deja de interesarnos y el deseo se aloja en lo que no tenemos, de manera tal que el dinero es útil como herramienta para obtener lo deseado y deja de serlo cuando se convierte en el deseo mismo. Cuando dejamos de usar el dinero como herramienta, para posicionar a este entre nuestros deseos, no existirá nunca una suma que nos deje absolutamente satisfechos. En pocas palabras, desear el dinero es la mejor manera de arruinar lo único que tiene de positivo el dinero.   

En la última cita de este post voy a referirme a mi tío gordo, Osvaldo Parizia, que solía contar un chiste que funcionaba a partir de invertir las palabras de la famosa frase:

Prefiero ser pobre y sano, que rico y enfermo, 

presentándola del siguiente modo: 

PREFIERO SER RICO Y SANO, QUE POBRE Y ENFERMO. 

El punto a analizar es que ciertamente es preferible ser sano y pobre, porque la pobreza, permite ciertos disfrutes, mientras se hayan alcanzado las premisas mínimas que plantea Epicuro (naturales y necesarias), se puede disfrutar del amor, de la amistad, del pensamiento, de la conversación, de la familia y de muchas otras análogas, por el contrario se hace muy difícil el goce de cualquier actividad, por más ostentosa, lujosa, pomposa y deseada que sea, si nos entra un bichito en el ojo, y fíjese, querido lector, que estoy poniendo como ejemplo una pérdida de salud insignificante y pasajera, ni hablar de la imposibilidad de goce que supone la pérdida de salud que es significativa e irreversible. Aun así es necesario recordar que no todo rico tiene un bicho en el ojo, y por esta razón deja de ser un chiste esto de RICO Y SANO, porque una cosa no quita necesariamente a la otra, del mismo modo que debemos admitir que la riqueza monetaria no es sinónimo de felicidad, tampoco podemos admitir lo contrario y si, debemos reconocer la potencia del dinero. 

Quisiera ahora, más o menos con los mismos fundamentos, desmentir aquella frase que dice: 

EL DINERO NO COMPRA LA FELICIDAD, PERO PREFIERO LLORAR EN UN FERRARI.

A diferencia del chiste primero, éste es menos veraz, porque el Ferrari supone algo ostentoso deseado, y a la vez la promesa de una gran dicha por haber alcanzado tal deseo, entonces, también representa la pérdida de una causa más de placer, quiero decir, si se es infeliz sin ser poseedor de un Ferrari, al menos tenemos la esperanza de que poseyendo uno podríamos alcanzar la felicidad, por el contrario llorar sobre un Ferrari supone un infeliz que debe depositar su deseo en cualquier otra cosa que no sea poseer un Ferrari. 

En definitiva y para terminar, este blog se declara defensor del amor, el pensamiento, la amistad y en general todas aquellas cosas que se cultivan de nuestra piel hacia adentro, sin embargo no cae en la tentación de repetir adocenados discursos, y si cae en la tentación de repetir los discursos de Epicuro y Schopenhauer con la torpeza e inocultable dicción de cotorra, tan característica de nuestros textos.    


viernes, 6 de noviembre de 2015

Sobre las caídas

Caerse es algo espantoso y aunque haya encontrado pocos ensayos al respecto fuera de los traumatológicos, voy a analizar otros aspectos a saber tan importantes como los médicos.

Es necesario hacer la división entre los que caen en soledad y quienes dejan testigos del desliz. A la vez, quienes caen en compañía se comportan de diferentes maneras según se trate de amigos o desconocidos. Caerse de frente a nuestras amistades (y cuando digo DE FRENTE me refiero a con ellos como testigos y no al acto de colisionar la parte delantera del cráneo contra el suelo) parece ser menos bochornoso considerando que en caso de tratarse de un golpe que no deje lesiones, puede generar una situación humorística, incómoda, pero humorística al fin. Por el contrario caerse frente a desconocidos se inscribe entre las máximas vergüenzas que pueda padecer un ser humano. Es extraño, pero funciona así, probablemente nos resulte tan vergonzoso porque consideramos que todo el mundo nos está prestando atención constantemente y no solo eso, además imaginamos que somos tan geniales que resulta insoportable dejar expuesta una torpeza tan evidente y más tratándose de una operación tan simple y ensayada como la de caminar.   

Caerse, golpearse y simular que no duele es un error porque los gestos de nuestro rostro ante el dolor son muy difíciles de disimular y al fingir queda expuesto nuestro falso vigor, mientras que si tomamos el camino opuesto y exageramos dolor e inmediatamente nos reponemos sobre nuestros dos pies, en la posición habitual y esperada para un transeúnte, generaremos compasión y admiración en los testigos. Compasión por vernos padecer grandemente y admiración al observar que nos reponemos a tal contrariedad.

Son muy pocos los que cayeron en público y salieron airosos de la situación, aun así hay agravantes, y entre estos, la peor caída debe ser la que sucede en el escenario y que deja a hermosas modelos desplomadas y en posiciones poco elegantes sobre la pasarela, o la de los cantantes que a pesar de caerse y soltar el micrófono al menos nos permiten seguir escuchando la canción por que tuvieron el buen tino de hacer playback durante toda su carrera. Esto no es todo, desde que los teléfonos móviles incorporaron filmadoras se han registrado millones de caídas y se compartieron en todas las redes sociales, de manera tal que nadie está exento de ser protagonista de una caída filmada y difundida que de seguro será vista por millones de personas, ya que las caídas se han convertido en una especie de subgénero de súper éxito en el mundo de los videos de Internet.   

Aquí, muy cerca de mi casa vive una señora que ejerce de pitonisa. Todos la conocen; la mayoría de los vecinos contrataron alguna vez sus servicios y quienes son ilustrados en las artes adivinatorias dicen que doña Sibila puede predecir el futuro con gran precisión. Yo no puedo negar estas declaraciones por que un día nublado la crucé en la vereda y con esa misteriosa voz que solo las pitonisas tienen, me dijo: ¡Parece que va a llover! y al ver que yo me quedé como esperando otra revelación más, abrió su gran boca y de sus rollizos labios salió la siguiente declaración: ¡Hasta luego! Yo dije antes que no podía negar que esta mujer fuese una verdadera adivina del futuro, porque ese día, increíblemente no llovió, entonces comprendí porqué razón ella me dijo: PARECE que va a llover. Yo comencé a confiar en su poder cuando la crucé por segunda vez ese día y comprendí porqué me dijo la primera vez ¡Hasta luego!. Sin embargo mi fe comenzó a desmoronarse unas pocas semanas después cuando la vi caerse al tropezar con el desnivel de la esquina. La pobre vieja se desparramó en el suelo y aunque no se hizo el más mínimo rasguño, los presentes nos preguntamos cómo podía ser que una adivina de tal alcurnia no pudo predecir un hecho tan simple como el de evitar una caída que le quitaría el ochenta por ciento de los clientes.  
Sin embargo, el poco de fe que aún conservo en ella se debe a la que tal vez sea la anécdota presocrática más hermosa que haya subsistido a los avatares del tiempo y que Platón la contaba más o menos en estos términos: 
Se dice que en una ocasión, Tales de Mileto estudiaba los astros con tal concentración que se cayó a un pozo, entonces una hermosa y pícara criada tracia entre risas se burló de que en su afán por conocer el cielo desatendiera lo que estaba entre sus pies. 
Tal vez a doña Sibila le pasó lo mismo, vaya a saber qué cosa estaba prediciendo mentalmente en ese momento como para no poder predecir un cambio de nivel en el suelo. 

Tales no solo desarrolló su teorema, además parece que al igual que mi vecina podía anunciar cosas venideras y fue el primero en predecir un eclipse en el año 585 antes de nuestra era. Aun así, tal como a mi vecina prefiero recordarlo por la anécdota de su caída.