viernes, 28 de agosto de 2015

Sobre el relativismo

Antes quisiera hacer algunas aclaraciones respecto del título: ciertamente no me resulta muy satisfactorio porque la palabra relativismo me hace pensar en relatividad, que a su vez me hace pensar en la teoría física desarrollada a principios del siglo XX por el simpático científico judío alemán Albert Einstein, quien además es ateo, religioso, rebelde, dogmático, genio y estúpido, pésimo alumno premiado con honores, hombre de familia y mujeriego, modesto y soberbio, al menos según las conclusiones que se pueden sacar al leer las frases que se le adjudican en Facebook. De hecho parece ser que Albert  Einstein, Bob Marley y Steve Jobs fueron los que dijeron todo lo que pudo ser dicho respecto de todas las cosas.
 Cuando logro librarme de todas estas ideas pienso en el relativismo como una discusión encarnizada entre un acorde de Sol mayor y un Mi menor. Superadas estas asociaciones erróneas termino por descubrir que relativismo es un concepto que propone que cada interlocutor tiene su verdad, de manera tal que la verdad no existe ni importa y por supuesto éste que es un blog comprometido con la nada, no podía privarse de profundizar allí donde no hay profundidad alguna.   

Hace algunos días cometí el error de caer en la tentación de engancharme en una discusión que ya había tenido, aunque con otros interlocutores. Digo “caí en la tentación” porque es esa clase de tema que jamás se puede desarrollar bien si el ambiente no es propicio, (y no lo era) y si los interlocutores no son propensos a ser persuadidos (y no eramos propensos)

El tema no es muy interesante aunque, como siempre, podría haber sido tratado con más nobleza si los interlocutores hubiésemos sido menos rudimentarios. Aun así aprovecho este espacio para decir algunas cosas que no pude mientras se desarrollaba la conversación por la simple razón de que mi mente opera con una lentitud asombrosa. Yo debo padecer alguna rara enfermedad que bien se podría  llamar embotellamiento de ideas,  razón por la cual siempre mis ideas llegan tarde, tan tarde que a veces ni siquiera hay interlocutores.  Es como si mis ideas tuviesen zapatos de plomo y quisieran sumarse a una conversación que fluye a velocidades olímpicas.
 Es muy triste tener muchas cosas que decir dos días después de que terminó la conversación.  (A esto lo pude haber escrito en el párrafo anterior, pero recién me llega la idea después de atravesar la Colón y General Paz de mi mente).


Vivimos en tiempos en los que parece ser todo relativo y en el que todas las verdades parecen estar sujetas a caprichos personales, de manera tal que ya siquiera podemos hablar de qué es y no verdadero, sino de puntos de vista, de discursos, de posibilidades y de múltiples realidades, entre tantas otras inconsistentes y adocenadas teorías. Para todos aquellos que hayan sido seducidos por estas ideas que parecen ser creadas, poseídas y comerciadas por intelectuales de nuestro tiempo, tengo una noticia: oficiando como pitonisa o brujo voy a revelarle algunas verdades absolutas e indiscutibles que desmienten este concepto de: TODO ES RELATIVO.

 La revelación que voy a hacer es gratuita y más allá de su género, edad, nacionalidad y/o credo, se cumplirá de igual modo en todos los lectores. Mi revelación es la siguiente: USTED EN ALGÚN MOMENTO SE VA A MORIR. Ahí tiene una verdad absoluta e indiscutible y tal como prometí se cumplirá, y así como expuse esa verdad respecto de su persona, puedo exponer muchas otras verdades sin siquiera saber quién es el lector que posa su mirada en este escrito, en este momento. Además puedo confirmar que te encuentras con vida, y no solo eso, sino que también sabes leer.

Evidentemente no todo es relativo…

Muchos de los que defienden esta clase de ideas son charlatanes que quieren treparse al pedestal de los pensadores con artimañas infantiles que solo pueden ser útiles para comenzar una conversación con el taxista o para conseguir aprobación en foros compuestos por gentes más rudimentarias que el mismo charlatán. Ahora bien, si usted no es un charlatán y sinceramente está maravillado con el descubrimiento de que mirar un árbol desde el suelo y mirarlo trepado en una de sus ramas cambió el punto de vista y por tanto cambió la realidad del árbol le tengo una noticia: lo único que cambió es que antes era usted un estúpido mirando un árbol y ahora es un estúpido colgado de una rama, lo cual lo convierte a usted en doblemente estúpido. Y el árbol que antes de colgarse era un árbol ahora sigue siendo un árbol. El hecho de que haya distintos puntos de vista solo comprueba que hay diferentes maneras de errar, así como en el tiro al blanco, para la flecha, solo hay un punto para acertar y cualquier otro punto del universo para errar. Ahora bien, el tipo que siquiera le dio al tablero, podría decir: Según mi opinión fue un buen tiro, es mi punto de vista. Ese tipo podría juntarse con todos aquellos desatinados que no tienen puntería para darle siquiera al tablero y fundar el club de BLANCO AL TIRO en donde se practicará un juego que consiste en tirar flechas a cualquier lado con la única regla de no dar jamás en el blanco y en el hipotético caso de que alguno de sus integrantes casualmente dé en el blanco será expulsado de inmediato por ser poseedor de una mente cerrada.  Al igual que estos hay por doquier hordas que se reúnen en bares, bibliotecas, escuelas y universidades de toda la ciudad para hacer gala de sus excéntricas prácticas y es difícil identificarlos porque no usan banderas ni caracterizaciones de ningún tipo. Es más, juzgando esto que acabo de escribir diría que yo soy uno de ellos y bien podría ser campeón mundial de BLANCO AL TIRO. Junto con otros millones de personas, todos seríamos campeones, salvo Sócrates y otros treinta o cuarenta personas que jamás serían admitidas en nuestro club.